El Hábito 1 es el hábito de la responsabilidad personal, un hábito que marca un antes y un después en nuestra manera de relacionarnos con los acontecimientos que suceden en nuestras vidas. Si somos reactivos, nos volvemos víctimas de nuestras circunstancias y cedemos el control de nuestros actos. Cuando somos proactivos, utilizamos nuestra libertad para elegir la respuesta que deseamos dar en vez de reaccionar automáticamente.

Toma el control

Una historia de una tía anónima

Es sorprendente cómo niños que hemos visto nacer y crecer, que aún son muy pequeños a nuestros ojos, nos pueden dar a los adultos de su entorno grandes lecciones de proactividad.

Hace unos años mi hermano y mi cuñada me pidieron que me llevara a sus dos hijos de vacaciones a la montaña mientras ellos se quedaban en la ciudad trabajando en plena canícula. Mi sobrino tenía ya ocho años y su hermana acababa de cumplir tres.

Era mediados de julio y no había demasiados veraneantes. El único niño de una edad parecida a la de mi sobrino era un vecino con quien pronto hizo muy buenas migas. Quedaban para ir a la piscina, a montar en bici, a jugar al fútbol… Mientras, yo jugaba con mi sobrina, aunque sin perderlos de vista.

A finales de mes comenzaron a llegar más veraneantes y, con ellos, muchos más niños. Era el primer año que mi sobrino pasaba tantos días allí, así que no conocía a ninguno de los recién llegados. En cambio, su amigo se reencontró con los niños con los que había disfrutado del verano desde que era apenas un bebé.

Pronto se hizo evidente que la compañía de mi sobrino no era del agrado de los amigos de nuestro vecino. Constantemente le daban excusas para no quedar o, si quedaban, le daban plantón. Yo veía todo en la distancia, pero no deseaba intervenir.

Fue mi sobrino quien inició la conversación conmigo:

– “Sabes, tía, creo que en realidad no quieren que vaya con ellos”.

– “¿Por qué piensas eso?”

– “Porque nunca me dicen cómo van a quedar de verdad y, cuando me ven, se esconden y tratan de evitarme”.

– “¡Vaya! ¿Y qué tienes pensado hacer?”

– “El vecino me cae bien, pero no le puedo obligar a quedar conmigo si no quiere. A partir de ahora iré a la piscina con vosotras e intentaré conocer a otros niños”.

Esa misma tarde, mientras jugábamos con la pelota en la piscina, vio a otro niño que nos miraba desde su toalla. “¿Te apetece jugar con nosotros?” Ese fue el comienzo de una nueva amistad.

Cuestión de paradigmas

Esta historia fue un gran aprendizaje para mí. La razón principal por la que yo había tomado la decisión de no intervenir es que pensaba que para estos niños mi sobrino era un pesado y por eso lo esquivaban. No tenía ni idea de cómo enfocar la situación con él sin hacerle daño. Sin embargo, ese era mi paradigma, no el de mi sobrino. Con total naturalidad, él asumió que simplemente los otros niños eran amigos de siempre y no necesitaban ampliar el grupo en ese momento.

Círculo de control

La segunda lección que me dio mi sobrino es cómo se enfocó en lo que podía hacer. Si hubiera estado en su lugar, seguramente habría perdido unos preciosos días de piscina y juegos pensando en por qué me rechazaban y buscando cómo ser apta, algo que en última instancia no dependía de mí. En cambio, él resolvió disfrutar de sus vacaciones, centrándose en lo que sí estaba en su mano: jugar con nosotras y hacer nuevos amigos.

La importancia del recreo para el aprendizaje socioemocional

por Tara West

El recreo es una parte integral del día de un alumno de primaria. El recreo les ofrece a los niños actividad física, interacciones sociales y situaciones de resolución de problemas. Es parte de los cimientos del aprendizaje socioemocional. Y, según los estudiantes de tercer curso que he encuestado recientemente, el recreo es la mejor parte de su jornada escolar.

En el recreo los alumnos ponen a un lado el aprendizaje académico durante un rato y se relacionan entre sí. He sido testigo de amistades que florecían, juegos inventados y caritas sonrientes disfrutando del aire libre. También he visto retos y dificultades que surgían entre los alumnos por razones varias. Sin embargo, eso es algo positivo. Es a partir de esos retos y dificultades que los alumnos son capaces de resolver problemas o colaborar juntos para alcanzar una solución.

El Hábito 1 – El círculo de control

El Hábito 1: Ser proactivo® es el hábito de la responsabilidad personal. Es darse cuenta de que estás a cargo de tu vida: eres responsable de tus propias elecciones y comportamientos; puedes elegir cómo reaccionar ante otras personas y situaciones. El “círculo de control” es un modelo que está destinado a ayudar a las personas a reflexionar sobre sus decisiones y comportamientos, así como sobre las decisiones y comportamientos de otras personas. Es un diagrama visual destinado a mostrar lo que está dentro de tu control y lo que no. Este hábito fue vital para ayudar a mi hija de tercero de primaria a entender las acciones que están dentro de su control y las acciones que no lo están. Echemos un vistazo.

El recreo: El círculo de influencia®

A mi hija Hannah, que está en tercero de primaria, le gusta mucho correr por la pista de atletismo cuando llega el recreo. El recreo, sin embargo, no siempre fue un momento agradable para ella. Cuando volvía a casa se sentía disgustada, aún más, afligida, debido a las “tragedias” que tenían lugar durante el recreo. Los primeros días simplemente le recomendé que lo resolviera por sí misma y le dije que no había nada que yo pudiera hacer. Este consejo no le ayudó a resolver el problema, así que pensé que era necesario otro enfoque. Un día me senté con ella después del colegio y le pedí que me explicara exactamente lo que estaba pasando. Mientras Hannah me relataba la historia, me di cuenta de que usaba frases como “Ella me hace jugar a este juego” y “Ella me dice lo que tengo que hacer”. ¡Aja! De eso se trataba. A partir de ese instante nuestra conversación se desarrolló más o menos así:

Yo: “¿Por qué sientes que tienes que jugar a ese juego con ella en el recreo?”

Hannah: “Porque, si no lo hago, dejará de ser amiga mía”.

Yo: “¿Es esa tu elección o la suya?”

Hannah: “La suya”.

Yo: “Muy bien. ¿Y qué opciones tienes?”

Hannah: “Supongo que realmente no tengo por qué jugar a ese juego”.

Yo: “Así es, siempre tienes una opción. Siempre puedes elegir con quién deseas jugar y qué quieres hacer en el recreo. ¿Te gustaría que planeáramos qué puedes decir y hacer si vuelve a suceder?”

Hannah: “Sí”.

Yo: “Vale. ¿Qué puedes hacer tú en lugar de jugar a ese juego?”

Hannah: “Puedo correr por la pista de atletismo”.

Yo: “¡Gran idea! ¿Crees que si le dices que quieres ir a correr a la pista de atletismo y luego la invitas a ir contigo, esa puede ser una buena manera de decirle que quieres hacer algo distinto?”

Hannah: “Sí. Pero ¿y si dice que no?”

Yo: “ No pasa nada si dice que no. Ella puede elegir sus acciones, del mismo modo en que tú puedes elegir las tuyas. Podéis seguir siendo amigas aunque hagáis actividades distintas”.

Esta vez el resultado fue mucho más positivo. Como era de imaginar, unos cuantos días más tarde su amiga le dijo a Hanna que tenía que jugar a ese juego. Hanna hizo lo que habíamos planeado y la invitó a ir a la pista de atletismo con ella. Su amiga no quiso ir y eso fue todo. Sin embargo, había otra chica en el grupo que tampoco quería jugar a ese juego y le preguntó a Hannah si podía ir a correr con ella. Ese día el círculo de influencia de Hannah creció no solo para ella misma, sino con respecto a sus amigas. Fue una gran lección para todos nosotros.

La situación del recreo fue el comienzo de muchas conversaciones en nuestra casa acerca de las cosas sobre las que personalmente tenemos control y las que no. Esto se ha hecho extensivo a múltiples aspectos de nuestra vida familiar. En vez de decir: “Limpia tu habitación o no jugarás con tus amigos”, trato de usar expresiones como: “Si eliges no limpiar tu cuarto, estás eligiendo no jugar con tus amigos”. También intento reforzar las decisiones positivas que hacen mis hijos. Se necesita práctica para darse cuenta de las elecciones positivas, pero vale la pena. He notado que, si les doy las gracias a mis hijos por elegir probar platos nuevos cuando estamos comiendo, eso les hace más propensos a desear seguir probando cosas nuevas. Dándoles más oportunidades a nuestros hijos para que elijan por sí mismos, mi marido y yo estamos descubriendo que se crea más y más confianza con cada decisión. Los niños están aprendiendo que hay recompensas cuando toman buenas decisiones. Como padres, estamos aprendiendo que nuestros hijos desean hacer lo correcto y que, cuando les damos la oportunidad, toman esa decisión. Al darles la oportunidad ahora de tomar decisiones con consecuencias limitadas, les estamos preparando proactivamente para tomar mejores decisiones cuando se enfrenten a elecciones de mayor peso y con consecuencias más importantes en el futuro.

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Los 7 Hábitos de las personas altamente efectivas

Hábito 2: Comienza con un fin en mente

Hábito 3: Pon primero lo primero

Hábito 4: Piensa en ganar – ganar

Hábito 5: Busca primero comprender, después ser comprendido

Hábito 6: Establece sinergias

Hábito 7: Afila la sierra

Octavo Hábito: Encuentra tu voz e inspira a los demás a encontrar la suya

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