El Hábito 6 es el hábito de la cooperación creativa. Con la integración de este hábito en nuestra vida alcanzaremos la Victoria Pública y, por tanto, el paso de la independencia al estado superior de interdependencia. La sinergia es la manifestación de todos los demás hábitos funcionando juntos. Es el resultado de aplicar satisfactoriamente una mentalidad ganar-ganar y de buscar comprender antes de ser comprendido. Establecemos sinergias cuando valoramos las diferencias y cooperamos creativamente, considerando todas las opciones y alternativas posibles, para crear más juntos que la suma de lo que cada uno de nosotros podemos crear por separado: es decir, Terceras Alternativas.

Juntos es mejor

Una historia de un hermano anónimo

Cuando yo tenía siete años, a mi madre le detectaron un tumor cerebral, del que fallecería en apenas seis meses. Mi padre se volvió a casar cuando yo acababa de cumplir catorce años. Mi hermano pequeño nació al año siguiente y la chiquitina de la familia llegó cinco años más tarde.

A pesar de la diferencia de edad y circunstancias existente entre nosotros, nos queremos muchísimo. De hecho, mi hermano y yo compartimos hogar solo durante tres años y con mi hermana jamás he convivido, puesto que a los dieciocho años me marché a estudiar fuera de la ciudad donde reside mi familia, tuve la suerte de encontrar trabajo nada más terminar la universidad y vivo por mi cuenta desde entonces.

Intento ir a casa de mi familia todos los domingos. Comemos juntos y después dedico la tarde a mis hermanos, que ya tienen doce y siete años. Al principio todo era muy sencillo: solo tenía que preocuparme por mi hermanito, ya que la niña era demasiado pequeña. Las dificultades comenzaron cuando ella creció y reclamó la parcela de atención de su hermano mayor que consideraba que le correspondía.

¿He dicho ya que adoro a mis hermanos? Los dos son muy ocurrentes y divertidos, extremadamente cariñosos y muy familiares. Soy el primero al que le encanta pasar tiempo con ellos porque no paro de reírme.

También son muy distintos entre sí. Mi hermano es muy competitivo, así que quiere jugar a cosas que le permitan ganarme y, si es posible, machacarme. El parchís, las carreras de bicis y las batallas campales con nuestras pistolas Nerf siempre forman parte de sus propuestas. A mí tampoco me gusta perder, lo que le da mucha emoción a nuestros juegos. En comparación con nosotros, es sorprendente lo poco competitiva que es nuestra hermanita: perder no le supone ningún problema. Por otra parte, es muy posesiva y exige mi atención total, sin ningún tipo de competidor que me distraiga cuando estoy con ella.

Los domingos se convirtieron en días muy complicados. Cada uno de mis hermanos demandaba algo incompatible con los deseos del otro. Yo intentaba contentar a ambos estableciendo turnos, pero eso no les satisfacía.

Un domingo de primavera decidí llevármelos al parque a pasear. “¡Qué rollo!”, protestaba mi hermano. “¡Quédate en casa si no quieres venir con nosotros!”, le contestaba la pequeña. De repente, vimos la caseta de las bicicletas de alquiler. “¿Por qué no hacemos una carrera de bicis?”, propuso mi hermano. “¡Ni hablar!”, respondió ella de inmediato. “¡Venga! Hay carros a pedales. Vosotros os podéis montar juntos”, insistió él. De repente, todos nos emocionamos. “Genial, podemos dar toda la vuelta al parque y ver las fuentes”, añadí yo. “Y hacer carreras”, sugirió mi hermano. “Pero yo, contigo”, me insistía mi hermana. “Eso sí, quiero conducir”.

Alquilamos las bicis para media hora y se nos hizo muy corto. Al domingo siguiente volvimos, y esta vez las alquilamos para una hora. Se ha convertido en una tradición: solo faltamos si el tiempo lo impide o hay algún otro evento familiar. Para los tres es uno de nuestros momentos favoritos de la semana. Definitivamente, juntos es mejor.

Cuestión de paradigmas

Como mis dos hermanos son tan distintos entre ellos, consideraba inimaginable encontrar una actividad que resultara placentera para ambos. Mi paradigma era que solo era posible alcanzar compromisos entre ellos: establecer turnos, tratar de dividir mi atención… Las soluciones que ese paradigma me permitía encontrar solo generaban insatisfacción.

Terceras alternativas

Por el contrario, la magia sucedió cuando decidimos explorar nuevas opciones. En vez de dividir tiempos, optamos por sumar. Los tres aportamos nuestras ideas de qué podíamos hacer con las bicis y carros y así surgió una alternativa infinitamente superior a lo que cualquiera de nosotros habría podido soñar.

Sábados de sinergia: Cómo practicar el Hábito 6 con la familia

por Tara West

Los sábados de sinergia son para pasar tiempo juntos y desarrollar las relaciones familiares.

Eso es lo que solía decir mi marido si se le preguntaba por qué existen los sábados. Mi respuesta era muy distinta. Pertenezco a la escuela de pensamiento según la cual el propósito de los sábados a secas, y no sábados de sinergia, es ponerse al día con la limpieza y con todo lo que hay que hacer en casa: básicamente terminar cuanto hay en mi lista de tareas pendientes. Mis hijos tampoco están de acuerdo con mi filosofía. Por tanto, casi todos los sábados había una pugna. Por ejemplo, mi marido proponía salir e ir al parque, mientras que yo deseaba quitar las malas hierbas del jardín.

¿Adivinas quién ganaba en todas y cada una de las ocasiones?

Mi marido.

Ponte en situación. ¿A qué niños les apetece quitar las malas hierbas del jardín? A mis hijos no. Admito que tiendo a obcecarme cuando me pongo en marcha con algo y que me cuesta mucho encontrar el momento de dejar la tarea. Si comienzo limpiando la cocina, esto me lleva a continuar con el salón, el cuarto de baño, el despacho, las escaleras, la despensa, los demás baños, el cuarto de estar, los dormitorios, etc.

Un viernes por la noche, mientras mi queridísimo esposo y yo veíamos la televisión, tuvo lugar la siguiente conversación entre nosotros:

Mi marido: “Oye, ¿qué te parece si hacemos algo al aire libre mañana a primera hora de la mañana?”

Yo: “Tenemos muchísimas cosas que hacer en casa y tenemos que ponernos manos a la obra temprano”.

Mi marido: “¿Por qué no haces una lista de lo que realmente hay que hacer y le echamos un vistazo?”

Yo: “Vale”. Y me puse a escribir la lista con todo mi empeño, rezando para no olvidarme de nada. Una vez terminada, se la pasé.

Mi marido: “Bien, podemos hacer la mitad de todas esas tareas en unas pocas horas. ¿Crees que los niños resistirán lo suficiente como para ser de ayuda?”

Yo: “No. Necesitamos un nuevo plan, ¿no?”

Mi marido: “Bueno, como hará más fresco por la mañana (nota: vivimos en una zona donde fácilmente se superan los 40 ºC en verano), ¿qué tal si vamos al parque, nos tomamos unas bebidas, volvemos después a casa y hacemos las tareas que tú consideres que son más importantes?”

Yo: “De acuerdo, probemos”.

El sábado nos levantamos y nos preparamos para ir al parque. Los niños estaban encantados de ir antes de que hiciera demasiado calor. Jugaron durante un buen rato. Mi marido y yo nos fuimos a caminar por uno de los senderos del parque y luego jugamos con los niños. Cuando comenzó a hacer calor de verdad, todos estábamos cansados. Nos detuvimos en nuestro quiosco favorito para tomar unos refresco y después regresamos a casa para hacer las tareas que había que hacer. Cuando les mostré a los niños la lista de quehaceres, apenas hubo protestas.

Sábados de sinergia

Al crear esta nueva forma de enfocar nuestros sábados, ninguno de nosotros renunció a nada. No alcanzamos compromisos y tampoco hubo competición entre nosotros. Creamos algo nuevo. Establecimos sinergias. Mi queridísimo esposo terminó disfrutando de más tiempo de familia porque los niños jugaban más en el parque durante las mañanas más frescas. Yo me sentía más satisfecha con las tareas domésticas que se llevaban a cabo porque sentía que eran las realmente necesarias. Los niños ganaron en todos los sentidos porque lograron tiempo al aire libre, refrescos, menos tareas y padres felices. Seguimos usando ese sistema. En los meses más fríos modificamos qué actividades hacemos y cuándo las realizamos, pero mantenemos el resto igual. Nos está funcionando de maravilla. Estoy orgullosa de haber encontrado un modo en que todos nos sentimos satisfechos con los resultados que obtenemos. Es magnífico trabajar juntos como familia y alcanzar más de lo que conseguiríamos si lo hiciéramos individualmente.

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Hábito 7: Afila la sierra

Octavo Hábito: Encuentra tu voz e inspira a los demás a encontrar la suya

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