El Hábito 7 es el hábito de la renovación diaria, que hace posible que se den los seis hábitos restantes.

La vida puede ser dura. A veces puede llevarnos al límite. Es fácil estresarse o sentirse vacío. Solo si encontramos tiempo para nosotros tendremos la capacidad, la fuerza, la energía y el instinto para lidiar con el día a día.

Cuando tomas tiempo para cuidar y renovar tu cuerpo, mente, corazón y alma, te vuelves más efectivo en cada área de tu vida. De esta manera cuidas de tu activo más importante: tú.

El Hábito 7 es el hábito de cuidar del cuerpo comiendo saludablemente, haciendo ejercicio y durmiendo bien. Es el hábito de pasar tiempo con la familia y los amigos. Es el hábito de aprender de muchas maneras y en muchos lugares, no solo en los centros educativos o de formación. Es el hábito de dedicar tiempo a encontrar formas significativas para ayudar a la gente.

Te vas a acompañar toda la vida. Tú decides qué compañero vas a ser para ti mismo: uno cansado y rémora al que hay que empujar para que actúe, con el gasto de energía que esto conlleva, o uno proactivo y dinámico que pone las cosas fáciles.

Activa tu espíritu de superación y alcanza la Victoria Personal Diaria.

Mantén el equilibrio

Una historia de una madre de gatos anónima

Doce años atrás tuve un accidente de coche bastante serio que me causó lesiones importantes en la espalda y me obligó a estar en casa durante seis largos meses. Tengo muy pocos recuerdos de los primeros meses. Los relajantes musculares y los calmantes que tomaba me mantenían en estado de sopor prácticamente todo el día. Apenas salía: solo para ir a las sesiones de fisioterapia y rehabilitación. Cuando el dolor cedió y los médicos redujeron las dosis de medicación, comenzaron los meses más duros. Como siempre me ha apasionado la lectura, leía cuanto podía, hasta que el dolor de espalda me impedía continuar. Por lo demás, no había gran cosa que pudiera hacer, salvo tratar de encontrar una postura cómoda en el sofá. Me sentía como un león enjaulado.

Imagino que no fui una compañera muy agradable para mis compañeros de piso: Leonor y Tito. Leonor era una preciosa gata siamesa que había adoptado hacía ya siete años. Me quería sin fisuras y, cuando percibía que me dolía mucho la espalda, se acurrucaba a mi lado para transmitirme calor. Tito era todavía un cachorrito. Había llegado a casa un mes escaso antes del accidente y estábamos en proceso de conocernos y adaptarnos cuando cogí la baja.

Cierta noche, cuando ya no me quedaba mucho para reincorporarme al trabajo, los llamé para darles una lata de comida húmeda, sin percatarme de que estaban en la cocina. Al oírme, Leonor vino a mi de inmediato, pues sabía de qué se trataba. En cambio, Tito gimió asustado y se replegó a un rincón. Me quedé hecha polvo, pues comprendí que, debido a mi malhumor casi permanente, debía de haberles gritado mucho y el pobrecito había terminado sintiendo miedo de mí.

Ahora hay dos felinos nuevos en mi vida: Martín, un gato legañoso de largo y sedoso pelo naranja, y Sibila, una gatita menuda y dulce, de enormes ojos azules. Cuando a comienzos de este año el gobierno anunció que se iba a decretar el estado de alarma para tratar de frenar la expansión del coronavirus, no pude evitar acordarme de mi anterior periodo de reclusión en casa y las consecuencias que había tenido. A mí misma me dije que no iba a volver a repetir los mismos errores: era preciso que me cuidara.

La primera medida fue pedirle a mi cuñado que me prestara una bicicleta estática que tenía abandonada en su cuarto trastero desde una semana después de haberla adquirido. La transportamos a mi casa con gran esfuerzo la víspera de la entrada en vigor del estado de alarma y la instalamos en un lugar de honor en mi dormitorio. Desde esa misma noche, mientras Sibila y Martín dormitan en la cama, yo dedico un tiempo indeterminado que oscila entre treinta minutos y una hora a escalar el Tourmalet. ¡No está nada mal! Echo de menos nadar, que es el deporte que suelo practicar y que tanto me ayuda a prevenir las contracturas, pero la bici me ha permitido mantener el cuerpo en forma.

Aunque la naturaleza de mi trabajo no permitía el teletrabajo, he aprovechado el confinamiento para seguir formándome y he hecho varios cursos a distancia sobre temas que hacía tiempo que me interesaban. Por otra parte, he tenido la posibilidad de dedicar más horas que de costumbre a la lectura, lo cual ha sido un placer para mí. Estas actividades me han ayudado a cultivar la mente.

Prácticamente todos los días he tenido una videoconferencia con la familia o con mis amigos. ¡El día de mi cumpleaños, que fue en abril, encadené cinco! A lo largo de estos meses he hablado con algunos de mis amigos más de lo que solía hacerlo antes de la cuarentena y siento que nos hemos redescubierto. Estas llamadas han mantenido mi corazón calentito.

Tampoco he descuidado el alma. Siempre que el tiempo lo ha permitido, he comido en la terraza de mi casa, disfrutando de las vistas de los árboles que llenan la plaza donde vivo. Sé que es un lugar común, pero el rumor del viento entre las hojas me llena de paz. Asimismo, he tenido siempre presente que esto tenía un sentido: colaborar todos juntos a frenar este desastre. Esta idea me ha hecho sentir que no estamos solos, que estamos todos unidos ante un enemigo común, y que, entre todos, estamos protegiendo a los más vulnerables.

¿Qué puedo decir, ahora que estamos llegando a la “nueva normalidad”? Que Sibila y Martín siguen amándome.

Cuestión de paradigmas

Siempre he considerado que es importante cuidarse. Sin embargo, asociaba ese concepto con la salud física: no fumar, no beber, comer sano, hacer deporte para evitar las contracturas… No creía que fuese necesario velar por las demás dimensiones del ser humano.

Lograr la victoria privada diaria

¡Qué gran diferencia ha marcado en mi vida el cuidado consciente de las cuatro dimensiones! Todo el trabajo que he hecho conmigo misma a lo largo de este periodo me ha ayudado a alcanzar el equilibrio vital: a sentirme muy bien conmigo misma y con todos y todo lo que me rodea.

El Hábito 7: Por qué es importante acordarse de afilar la sierra

por Tara West

El Hábito 7 es el hábito de cuidar del cuerpo comiendo saludablemente, haciendo ejercicio y durmiendo bien. Es el hábito de pasar tiempo con la familia y los amigos. Es el hábito de aprender de muchas maneras y en mucho lugares, no solo en el colegio. Es el hábito de dedicar tiempo a encontrar formas significativas para ayudar a la gente.

En pocas palabras, el Hábito 7 tiene que ver con cuidar de ti mismo.

El Hábito 7: Afila la sierra®

Imagina que estás caminando por el bosque cuando te encuentras con un hombre que está talando un árbol.

“¿Qué está haciendo?”, le preguntas.

“Estoy cortando un árbol”, contesta.

“¿Cuándo tiempo lleva con eso?”, preguntas.

“Dos o tres horas”, responde, mientras el sudor gotea por su barbilla.

“Su sierra parece estar desafilada”, le dices. “¿Por qué no para y la afila?”

“No puedo”, replica. “Estoy demasiado ocupado serrando el tronco de este árbol”.

Siendo ajenos a la historia, nos es muy fácil comprender que el proceso de talar desafila la sierra. Y cuanto más romo está el filo de la sierra, mayor es el esfuerzo que se requiere para continuar serrando. Evidentemente, la solución es que el leñador se detenga de tanto en tanto para afilar la sierra. Sin embargo, él está tan absorto en la situación que no es capaz de ver la necesidad de parar y hacer lo que es necesario para que su trabajo sea más fácil.

El Hábito 7 nos enseña a tomarnos tiempo para detenernos y “afilar nuestra sierra”. “Afilar la sierra” es sinónimo de “cuidar de nosotros mismos”, de “renovarnos”.

Ponte tu máscara de oxígeno primero

El amor a uno mismo no es egoísta, es importante

Nunca en mi vida he afilado una sierra en el sentido literal de la expresión, pero he volado en avión cientos de veces. Al crecer en una familia de empleados de aerolíneas, solíamos volar muchas veces al año. Mi hermana y yo jugábamos a memorizar los diversos anuncios que el personal de cabina tenía que hacer. También escribíamos notas para los siguientes pasajeros en las bolsas de emesis (ese es el nombre oficial de las bolsas para los vómitos). Hay un anuncio en concreto que tiene un orden preciso de instrucciones.

Siéntate e imagina que estás listo para despegar hacia las hermosas islas de Hawái mientras la azafata anuncia:

“…En caso de despresurización de la cabina, se abrirá el compartimento superior y saldrán las mascarillas de oxígeno sobre sus asientos. Para iniciar el flujo de oxígeno, tiren de la mascarilla hacia ustedes, asegurándose de que el tubo de plástico está extendido. Colóquense la mascarilla sobre la nariz y la boca y deslicen la banda elástica alrededor de su cabeza. Para ajustarse la banda elástica tiren de la pestaña a cada lado de la máscara. La bolsa de plástico no necesita inflarse cuando el oxígeno está fluyendo. Colóquense bien sus propias mascarillas antes de asistir a niños u otras personas”.

¿Por qué debemos ponernos nuestra propia mascarilla primero? Como madre, pensar en ayudarme a mí misma antes que a mis hijos va en contra de todos mis instintos maternales. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que soy una madre mejor y más paciente cuando me tomo tiempo para “colocarme mi propia mascarilla de oxígeno primero”.

Aunque sea algo pequeño

Por ejemplo, mi esposo me trajo flores recientemente para celebrar nuestro decimosexto aniversario de bodas. Me descubrí parándome para oler las rosas en la cocina. Aunque sea un tópico, en ocasiones son pequeños momentos como este los que me rejuvenecen y me ayudar a mantener un estado mental más positivo.

Esta y otras prácticas de cuidado personal me ayudan a evitar el agotamiento y la apatía.

Hay momentos en que necesito algo más que el olor de las rosas. Recientemente he iniciado un programa de ejercicios y he notado múltiples beneficios de autorrenovación. Me siento mejor en general. No necesito tanta cafeína para pasar el día y duermo mucho mejor. ¡Vaya! Son muchos beneficios como resultado de un sencillo cambio. Eso sí: la autorrenovación es una actividad muy personal, que no necesariamente será igual para ti que para mí.

La cuenta bancaria emocional

Tómate un momento para considerar la “cuenta bancaria emocional” del Hábito 4. Es el beneficiario el que determina lo que es un depósito o un reintegro en esta cuenta. ¿Podemos llenar nuestra propia cuenta bancaria emocional? ¡Yo diría que sí! Después de todo, ¿quién nos conoce mejor que nosotros mismos? Cuando nos tomamos tiempo para cuidar de nosotros mismos y hacer cosas que personalmente nos enriquecen o nos fortalecen, realizamos depósitos en esta cuenta. Cuando nuestra cuenta está llena o en el proceso de llenarse, somos más capaces de hacer depósitos en otras cuentas. Cuando nos tomamos tiempo para cuidar de los demás, especialmente de los miembros de nuestra familia, el resultado es una familia más próspera y feliz.

¡De eso trata el Hábito 7!

En uno de esos vuelos en familia que mencioné antes estaba leyendo un libro cuando me llamó la atención una pregunta: “¿Cómo solía ser un día libre para tu yo de diez años?” Ojalá pudiera recordar el libro para otorgarle el reconocimiento que merece. A menudo he pensado en esta pregunta y me he imaginado a mí misma como la niña de diez años que fui.

Mis días libres solían incluir montar en bici para ir a tomar un granizado y reunirme con los amigos en el parque para montar en el tiovivo. Me quitaba los zapatos y jugaba en el pequeño arroyo que fluía por el parque. Cuando comenzaba a oscurecer, iba a casa para tomar una cena casera preparada por mi madre. Entonces era el momento para los juegos nocturnos, como “El fantasma del cementerio” o “Capturar la bandera”.

Creo que esa pregunta me llamó la atención porque, cuando somos niños, generalmente somos capaces de hacer las cosas que nos hacen felices y llenar nuestras cuentas bancarias emocionales. Si no lo lográramos, nuestro desequilibrio (o “sierra desafilada”) se haría evidente con rabietas o contestaciones impertinentes. Cuando somos adultos, mostramos nuestras “sierras desafiladas” de otras maneras, como, por ejemplo, mostrándonos irritables, impacientes o abstraídos.

¡Hay ocasiones en que desearía que tener un berrinche fuera socialmente aceptable para mí como adulta! Sin embargo, aprendiendo a reconocer cuando ha llegado el momento de “afilar mi sierra”, soy capaz de hacerlo realidad.

Si no estás seguro de por dónde empezar a “afilar su sierra”, aquí tienes algunas ideas:

Llevar un diario

Escuchar un podcast

Aprender una nueva habilidad

Hacer ejercicio

Meditar

Leer

Sonreír a todo el mundo

Hacer puzles

Apuntarse a educación continua

Comer con un buen amigo

Detenerse a oler las rosas

El Hábito 7: ¿Cómo se “afila la sierra” en el entorno de la familia?

Como familia, podéis “afilar la sierra” juntos creando y observando tradiciones familiares. Cuando trabajamos para crear tradiciones familiares juntos, demostramos que valoramos las necesidades básicas de las personas y de nuestras familias. Cuando renovamos nuestra familia, encontramos la unión, la identidad, la plenitud y la felicidad de la familia.

Muchos de estos momentos de renovación llegan mientras damos tiempo a las “grandes rocas” que aprendimos en Hábito 3: tiempos de acercamiento de tú a tú, comidas en familia, tiempo familiar semanal y rituales y tradiciones de la familia. Puede ser útil preguntar a los miembros de tu familia cuáles son sus tradiciones familiares favoritas. ¿Hay algo que les gustaría que se convirtiera en una tradición? ¿Hay alguna tradición que les gustaría interrumpir?

En mi familia hemos empezado a jugar a las cartas los domingos por la tarde. Normalmente preparamos palomitas de maíz y nos sentamos a la mesa juntos. Empleamos este tiempo para hablar de la semana y de lo que tenemos por delante. ¡También nos reímos mucho! Esto se ha convertido en una tradición divertida que todos esperamos con ilusión.

Mientras nos esforzamos por mantener el equilibrio en nuestras familias, podemos observar las siguientes cuatro áreas para evaluar dónde nos encontramos: dimensión física (nuestro cuerpo), dimensión mental (nuestros pensamientos), dimensión emocional (nuestros sentimientos) y dimensión espiritual. Como familia, elige una o dos áreas en las que centrarse a la vez. ¡No os agobiéis! Recordad que el objetivo es esforzarse por mantener el equilibrio, y eso será diferente en cada familia.

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Los 7 Hábitos de las personas altamente efectivas

Hábito 1: Sé proactivo

Hábito 2: Comienza con un fin en mente

Hábito 3: Pon primero lo primero

Hábito 4: Piensa en ganar – ganar

Hábito 5: Busca primero comprender, después ser comprendido

Hábito 6: Establece sinergias

Octavo Hábito: Encuentra tu voz e inspira a los demás a encontrar la suya

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